Pasantías de matemáticas

Las maestrías en Francia duran dos años, el M1 y el M2, y al final de cada uno de estos dos años se exige un pasantía, ya sea en un laboratorio de investigación, ya sea en una empresa. La duración de estas pasantías va de tres meses a cinco meses y al terminar los alumnos escriben un corto documento (entre 30 y 60 páginas) y realizan una presentación (o defensa) del trabajo de la pasantía a principios de septiembre.

El trabajo de pasantía puede ser muy variado y la metodología, el fondo y la forma que puede tomar este trabajo depende esencialmente del director de la pasantía. Sin embargo, usualmente, la pasantía del M1 sirve para que el alumno pueda profundizar ciertos temas que serán de uso corriente en el M2 mientras que la pasantía del M2 sirve para empezar el trabajo de investigación, con el objetivo de realizar una tesis doctoral posteriormente.

Después de estas generalidades, el objetivo de este pequeño texto es dar unas pocas pistas sobre lo que se espera de un alumno que está realizando una pasantía.

Una pasantía en un laboratorio es a menudo la primera ocasión en donde el alumno deja de ser estudiante para pasar a ser parte de un equipo de investigación: ya no hay clases, no hay cursos, no hay horarios, no hay exámenes ni deberes. En matemáticas se trata entonces de trabajo de oficina, con papel y lápiz y eventualmente algo de programación (dependiendo del tema).

El primer choque puede entonces estar dado por el hecho de que el alumno es en gran parte dueño de su tiempo y esto puede ser un poco difícil de gestionar al principio. Pero quizás esto no sea lo más complicado.

Lo que toma más tiempo de comprender es que ya no se busca maximizar la nota en un examen (actividad a la que están acostumbrados y entrenados los alumnos), aunque sea sumando punto por punto en diferentes ejercicios, pues un examen rara vez dura más de dos horas y hay que optimizar el esfuerzo. En una pasantía se espera una comprensión más profunda del tema de estudio: al disponer de más tiempo, hay toda latitud para “jugar” con las matemáticas y este es un trabajo que el alumno debe hacer (mañana, tarde, noche y madrugada -al fin y al cabo las matemáticas a este nivel son un pasatiempo que se realiza con pasión como cualquier otra adicción) para aprender a manipular los objetos matemáticos.

Por otro lado, se espera que el alumno tenga cierta curiosidad e iniciativa pues ya no hay una sola fuente de información posible: el mundo es grande y en el siglo XXI hay mucho material colgado en internet (ver por ejemplo amarun.org). Todo es válido al momento de aprender y es mejor canalizar el apetito de un alumno inquieto que tener que empujar a estudiantes que se contentan con dos o tres referencias.

También es deseable -por no decir crucial- tener un poco de imaginación. Las cálculos nunca salen a la primera, y es mejor que un alumno suponga hipótesis adicionales (aunque sean un poco descabelladas) o que resuelva una versión simplificada del problema, a que un alumno se quede bloqueado sin avanzar por ningún lado: hay toda libertad para equivocarse (no es un examen) y los errores son una fuente incomparable de aprendizaje, pero para equivocarse hay que lanzarse, intentar y darle lucha al problema. El crimen no está en el error, que es la base de la investigación, sino en no intentar.

El trabajo de investigador es muy distinto al de un estudiante y no hay cursos de preparación pues de alguna forma se aprende a investigar investigando, de manera que a veces la transición puede ser un poco abrupta: las pasantías deben ser entonces aprovechadas a fondo por los alumnos para entrenarse a esta apasionante actividad.

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De Revistas y casas editoriales

Todo investigador siente inmensa alegría al descubrir algo nuevo y la mejor manera de dar por terminado el trabajo de investigación es plasmando estas ideas innovadoras en un artículo. Evidentemente este artículo debe ser enviado al editor de una revista cuyo trabajo es esencialmente escoger cuidadosamente a otro investigador que revise el artículo recibido (la famosa revisión por pares) y basado en el informe de este investigador, tomar la responsabilidad de aceptar o rechazar el artículo.

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Insistamos en el hecho de que ni el editor ni el par revisor reciben remuneración por este trabajo.

¿Cuál es el interés de publicar un artículo en una revista? Primero se supone que el prestigio del editor y la revisión por pares permiten dar un sello de calidad al trabajo (aunque el error es humano), segundo se espera que el artículo aceptado goce de cierta difusión en la comunidad de manera que pueda ser ampliamente leído y citado y, finalmente, se desea que el trabajo de investigación quede registrado y archivado, si bien no para la eternidad, al menos para un buen tiempo.

¿A quién pertenece entonces el conocimiento científico? ¿a los investigadores que la producen? ¿a las universidades o laboratorios? ¿al público en general que financia las instituciones por medio de sus impuestos?

En realidad, el conocimiento pertenece sobre todo a las casas editoriales comerciales de revistas científicas que publican los resultados en revistas especializadas y que controlan celosamente la difusión de estos conocimientos.

Existen cientos de revistas científicas, unas más prestigiosas que otras (aunque esto del prestigio es altamente subjetivo), unas institucionales (revistas propias de las universidades, de organismos públicos de investigación) y otras albergadas por casas de ediciones comerciales.

Sin embargo, no todas estas publicaciones son iguales y en realidad existen diferencias notables según el tipo de revista. Por ejemplo, un modelo muy reciente es el de revistas que pone a disposición los artículos en internet y en donde la casa de ediciones cobra al autor por cada hoja del artículo y, a la par, cobra el acceso a los lectores. Esto es, evidentemente, un negocio absolutamente redondo y estas prácticas empiezan a contaminar seriamente la actividad científica pues en realidad se puede publicar cualquier cosa (1).

Pero hay otros problemas en el mundo de las publicaciones científicas. En la actualidad existen cuatro grandes casas de ediciones comerciales que son Elsevier, Springer, Wiley Blackwell y Taylor & Francis y cada una de ellas alberga varios centenares de revistas distintas, de manera que el acceso a estas revistas se ha vuelto tan costoso que por lo general las suscripciones se negocian directamente con los ministerios de educación de un país y no al nivel de universidades o laboratorios. En particular, una actitud muy perniciosa por parte de estas casas editoriales consiste en proponer paquetes de revistas en donde hay pocas buenas revistas (con un comité editorial exigente) y muchas malas revistas y, al ser estas empresas tan grandes, las proposiciones se van volviendo poco a poco imposiciones.

Esto no es todo lastimosamente: ante la proliferación de revistas se han creado bases de datos (las más famosas siendo Web of Science -antiguamente ISI- y Scopus creadas en 1960 y en el 2004 respectivamente) y se supone que una buena revista debe estar en estas bases de datos (aunque nadie se haya preguntado sobre la pertinencia de este hecho). Evidentemente las consecuencias no se han hecho esperar: en algunas universidades, por simplicidad y por pereza, al momento de reclutar profesores, se empieza a exigir que los artículos estén publicados únicamente en las revistas que consten en estas base de datos, suponiendo una vez más que esto garantiza un cierto nivel científico. Lo que no se dice es que estas bases de datos son servicios privados cuyo interés está estrechamente relacionado con las casa editoriales, así por ejemplo Scopus no es más que una filial de Elsevier y Web of Science pertenece a la empresa Clarivate Analytics.

Journal4Por suerte los científicos han empezado a organizarse ante estos problemas. Desde 1991 existe la muy popular base de datos arXiv que recopila gratuitamente los artículos en sus primeras versiones (antes del proceso de edición de las revistas) y que permite acceder a los últimos avances inmediatamente. Indiquemos que arXiv no garantiza de ninguna manera la calidad ni la veracidad de los artículos, hay artículos falsos pero también hay artículos que han hecho avanzar la ciencia significativamente, como por ejemplo la resolución de la conjetura de Poincaré por G. Perelman subida en arXiv en el año 2002. Más recientemente, el “Llamado de Jussieu para la Ciencia abierta y la bibliodiversidad” intenta promover en la comunidad científica revistas que no cobran ni a los autores ni a los lectores y la Unión Europea exigirá a partir del año 2020 que todos los artículos científicos europeos puedan ser consultados gratuitamente. Paralelamente a estas iniciativas, existen y se están creando nuevas revistas electrónicas con excelentes comités editoriales y que son de publicación y consultación totalmente gratuitas. Finalmente, cada vez más investigadores ponen sus últimos artículos en sus páginas personales. Como vemos hay varias alternativas posibles al momento de publicar un artículo científico.

El objetivo de este pequeño artículo es entonces mostrar el grave problema relacionado con las empresas comerciales que poco a poco tienden a imponer sus costumbres editoriales a los organismos gubernamentales de investigación acaparando de esta forma cuantiosos recursos. También es necesario alertar sobre el peligro que existe al evaluar la calidad científica únicamente por el simple hecho de que los artículos estén publicados en revistas que constan en tal o cual base de datos. Pero por sobre todo, hay que insistir en el hecho de que la ciencia debe ser de acceso libre y gratuito y la sociedad en su conjunto debe ser sensible a estos argumentos.

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(1) Un artículo matemático generado automáticamente (es decir sin pies ni cabeza) ha sido aceptado en este tipo de revistas: http://thatsmathematics.com/blog/archives/102

De los rankings, o como la pereza gana espacio en el mundo académico

Hace tres años escribí un pequeño texto sobre la difícil y delicada tarea de medir la calidad científica. Pero ahora creo que es necesario aclarar (desde mi perspectiva, claro está) algunos puntos sobre las clasificaciones y otros rankings.

Estas clasificaciones aparecen cada cierto tiempo, y las hay de todo tipo: desde la clasificación de Shanghai hasta la Times Higher Education pasando por otras clasificaciones diversas más especializadas.

Es interesante ver que la publicación de estos estudios genera una serie de reacciones en la comunidad académica y en la sociedad: algunos se congratulan, otros se preguntan cómo subir en estas clasificaciones, otros se preguntan por qué perdieron puntos y cómo recuperarlos, y muchos más debates sin fin.

Al ver las discusiones tan apasionadas que levantan estas clasificaciones, parecería que estos rankings siempre existieron, que son verdades inmutables y que hacen de jueces absolutos de la calidad académica.

Sin embargo, me parece que muy poca gente se pregunta de donde vinieron estas clasificaciones y si vale la pena tomarlas en serio. Aclaremos las cosas y rompamos el mito.

Para empezar, todos estos rankings son muy recientes. Para citar las dos clasificaciones más influyentes tenemos que la de Shanghai empezó en el año 2003 mientras que la clasificación dada por el Times Higher Education es del año 2004. Es decir que hasta el año 2003, el mundo académico vivió en paz y serenidad (relativa), y en todo caso nunca nadie (ni los académicos, ni los responsables políticos) se preocupó por estas clasificaciones aún inexistentes. Estos rankings, que aparentemente hacen la ley actualmente, pueden desaparecer tan rápidamente como aparecieron y los avances científicos no están, ni estarán, de ninguna manera relacionados con estas clasificaciones.

Segundo, mucho se ha discutido sobre la manera en que realizan estas clasificaciones y no voy a entrar demasiado en este aspecto. Lo que es grave, es que se pretende clasificar una entidad entera -es decir una universidad- que no tiene por qué ser homogénea: el departamento de física teórica puede ser estupendo, mientras que el de física aplicada puede ser un desastre (o viceversa), y dar una nota global en este tipo de situaciones no tiene ningún sentido. Los organizadores de estos rankings, conscientes de ello (aunque se demoraron en darse cuenta), realizaron posteriormente clasificaciones por disciplinas, sin lograr ningún tipo de resultado satisfactorio: en efecto, si consideramos las matemáticas, la presencia en el top ten de la universidad Rey Abdulaziz de Arabia Saudita en la clasificación de Shanghai del año 2015 es (casi) un misterio, pues según esta clasificación, el departamento de matemáticas de esta universidad es mejor que el de las universidades de Paris-Sud, Cambridge, Oxford, Caltech y MIT (¡nada más ni nada menos!). Pero todo tiene una explicación: las universidades al conocer la forma en que iban a ser calificadas hicieron lo necesario para quedar bien, en particular esta universidad contrató a profesores cuya única conexión con el departamento de matemáticas es la firma que ponen en sus artículos científicos, haciendo subir esta entidad de manera significativa en los rankings.

Tercero, estos rankings tienen efectos perversos y la situación anterior es un ejemplo de ello: ningún estudiante en sano juicio prefiere ir a estudiar matemáticas en Arabia Saudita en vez de ir a Francia, Inglaterra o Estados Unidos, pero alguien que desconoce puede hacer una mala elección al momento de inscribirse en la universidad… Pero lo que es más grave es que estas clasificaciones pueden afectar en las decisiones de los responsables académicos. Una anécdota cuenta que el director de relaciones humanas de la universidad de Edimburgo quería despedir al físico Peter Higgs por no tener una producción científica consecuente lo cual afectaba el ranking, afortunadamente no lo hizo pues sus colegas le indicaron in extremis que Higgs podía potencialmente ganar un premio Nobel, lo que sucedió efectivamente en el año 2013. Lastimosamente no tengo ninguna manera de verificar la veracidad de esta anécdota, pero… si non e vero e ben trovato.

Cuarto, la comunidad académica y los responsables políticos cometen un gravísimo error al considerar demasiado seriamente estas clasificaciones pues buscarán modos de mantenerse o de subir en estos rankings y la consecuencia de ello es poner el esfuerzo y los recursos en aspectos que pueden ser totalmente irrelevantes y fútiles, en detrimento de la verdadera actividad científica y de docencia.

Una cosa es cierta: había malas, buenas y estupendas universidad antes de estas clasificaciones y el mundo lo sabía. Dicho de otra manera, estos rankings no nos enseñan nada.

Que se busque mejorar los diferentes sistemas académicos de un país debería ser la preocupación de cada gobierno, pero que se lo haga con el afán de estar bien posicionado en estos rankings y que se tome por pereza y por comodidad estas clasificaciones como la única medida de la calidad científica es un verdadero problema.

Suspenso y diversión

Los últimos dos meses, he estado muy activo entre la medianoche y las tres de la mañana, es un poco cansado (hay que reconocerlo) pero un nuevo miembro en la familia es siempre fuente de inmensa alegría.

En estas trasnochadas, recordé situaciones similares aunque con motivos evidentemente muy distintos: lectura de libros, mini-series, juegos de video, diversos juegos de salón, y me pregunté ¿qué es lo que me mantenía tan despierto en aquellas ocasiones? y me di cuenta que los ingredientes principales para vencer el sueño eran la diversión, el pasarlo bien y el verdadero suspenso que existía en estas actividades (cómo se acaba el libro o la mini-serie, quién gana el juego, etc.).

Luna

Durante todas estas recientes noches, al tener finalmente un poco de tiempo libre (me es difícil volver a dormir fuera de un ciclo de sueño), continué la redacción del tercer volumen de un libro que estudia los espacios de Lorentz. Se trata de espacios de funciones que miden su tamaño, en el sentido del área bajo la curva de una función, de una manera mucho más precisa que los espacios de Lebesgue que son los espacios tradicionales y usuales en el análisis.

Estos espacios de Lorentz no son mucho más difíciles de estudiar ni de presentar que los espacios de Lebesgue y en realidad solo es cuestión de un poco de paciencia. Sin embargo, presentan una particularidad: existen varias formas distintas de definirlos y cada punto de vista trae consigo un séquito de propiedades muy particulares. Evidentemente, cuando se dispone de poco tiempo, es mejor ir directamente al grano, pero en un libro pedagógico como el que estoy redactando tengo espacio para tratar algunos detalles.

Y aquí es donde se pone interesante la cosa. Todos los espacios de Lorentz son espacios métricos: todos los artículos de investigación lo mencionan, así como todos los libros que estudian estos espacios (es decir las referencias que tengo a la mano), pero ninguno muestra explícitamente cuál es la métrica. Esto es un detalle, pero a veces vale la pena pasar un poco de tiempo en estos detalles.

He pasado entonces las últimas noches buscando una métrica natural y explicando las propiedades que se obtienen de este objeto definido sobre los espacios de Lorentz y esta actividad ha ocupado mi poco tiempo libre en las madrugadas. Y sinceramente me la he pasado bomba: ha sido muy divertido hacer todos estos cálculos, redactarlos y ver poco a poco cómo el texto va tomando forma, cómo van encajando las diferentes piezas del rompecabezas y cómo cada noche traía su parte de diversión y suspenso.

Un ejemplo muy personal de que las matemáticas son de verdad divertidas para quién tiene la paciencia de lidiar con ellas.

Creatividad

Las matemáticas se perciben generalmente como una disciplina muy técnica y a veces engorrosa: en los libros se pueden ver líneas y líneas (a veces hojas) de cálculos para obtener dos o tres fórmulas, cada una más hermética que la otra, y que parecen caer del cielo sin razón ni motivo (pero para la mayor desgracia de los alumnos). Si a esto se suma el hecho de que las matemáticas enseñadas en el colegio y en los primeros años de universidad tienden a mostrar una disciplina llena de reglas, rígida y sin excepciones, entonces puede resultar muy difícil para el profano comprender la parte de creatividad que encierran las matemáticas.

Nunca se insistirá lo suficiente: las matemáticas (en investigación) son ante todo y por sobre todo un proceso creativo en donde la imaginación juega un papel absolutamente fundamental.

Existen actividades en donde el proceso de invención, que da libre curso a la imaginación, puede aparecer espontáneamente. Quizás un ejemplo de esta situación puede verse en el ámbito musical: hay miles de músicos estupendos y compositores prolíficos que nunca aprendieron a leer partituras y este desconocimiento nunca fue un freno a su creatividad.

Sin embargo, este tipo de situaciones nunca se dan en matemáticas. En el estado actual de la organización universitaria de esta disciplina, para que un alumno llegue a crear nuevas matemáticas debe normalmente pasar primero por un pregrado (entre 3 y 5 años de estudio), luego una maestría (1 o 2 años) para finalmente llegar al doctorado (Ph.D.) que dura entre 3 y 4 años de trabajo intenso y es únicamente en esta última etapa en donde no solo se exige aprender y comprender, sino también crear e innovar. Es decir que pasan entre 8 y 10 años entre la primera clase de matemáticas universitarias y los primeros intentos de creatividad científica.

Dicho de otra manera, es indispensable tener una base técnica para poder empezar a producir nuevas matemáticas y este bagaje técnico, adquirido durante los años de estudio y en particular durante la tesis doctoral, condiciona los primeros pasos del investigador.

En este sentido, un investigador nunca nace solo sino que es acompañado y guiado por su director de tesis al inicio, y luego el proceso continua a medida que se van tejiendo colaboraciones con otros investigadores. Pero el hecho de tener una o dos ideas y plasmarlas en nuevos teoremas no hace necesariamente de un joven doctorando un investigador autónomo.

¿Como mantener e impulsar la creatividad de los científicos? Sin duda no existe una respuesta única a este problema pero a continuación intentaré dar una corta lista de puntos positivos y otros contraproducentes.

1) La investigación y el proceso creativo subyacente es una actividad que requiere tiempo y tranquilidad. Si el investigador (joven o confirmado) está agobiado por cuestiones docentes, administrativas y materiales no podrá tener la mente en calma para concentrarse. Por ejemplo, es prácticamente imposible hacer investigación con 12h de clase a la semana.

2) Crear y desarrollar nuevas matemáticas es una actividad altamente no lineal: a veces las ideas vienen muy rápido, pero en la mayoría de ocasiones es un proceso que toma meses y hasta años y esto requiere mucho trabajo, tanteos, aproximaciones, errores y correcciones. En todo caso no hay nada más alejado de la investigación que un proceso industrial: no basta duplicar la dosis de café para duplicar el numero de teoremas o resultados.

3) Aplicar métodos de gestión empresariales a la investigación es condenarla, a término, a la mediocridad. La creatividad humana simplemente no cuadra con los mismos criterios que los que se aplican a la empresa o a la industria.

4) Las ideas nacen del intercambio, de la discusión y no existen investigadores desarraigados de la comunidad científica. Asistir a conferencias, presentar sus propios resultados y contrastarlos con los resultados de los demás es oxígeno indispensable para la creatividad.

5) Equivocarse es la regla y muchas veces se aprende mucho más del error que de la solución y en matemáticas hay errores célebres que han hecho avanzar nuestra comprensión de manera fenomenal. Hay que tener iniciativas sin tener miedo al fracaso y para ello la imaginación es fundamental, pero hay que sostenerla por medio del rigor científico.

6) La investigación debe ser un proceso libre, y la creación (científica o artística) es ante todo un acto de libertad. Esta libertad debe ser respetada y no debe estar condicionada por criterios políticos o económicos.

7) Sin curiosidad, sin un comportamiento inquieto, sin el deseo de ir a las fronteras de lo conocido (y si posible más allá), es imposible hacer investigación. Si la curiosidad mató al gato, le dio vida al científico.

Estos pocos puntos (y sin duda muchos otros más) deben ser tomados en cuenta por los organizadores y gestores de la comunidad científica, que tienen la delicada misión de proteger a los investigadores, no de exprimirlos.

¿Qué es una política científica?

Podemos rápidamente definir una política científica nacional como un conjunto de decisiones y acciones, conscientes o no, tomadas por los responsables de las diferentes instancias gubernamentales o privadas que están relacionadas con las ciencias.

Quizás el primer aspecto interesante en este tema es que los actores que intervienen son múltiples y por lo tanto no es posible definir una verdadera línea científica coherente sin tomar en cuenta al menos un buen porcentaje de estos actores, cada uno con sus particularidades, con sus propios ritmos y con un grado de desarrollo diferente. En efecto, las decisiones tomadas no solo van a impactar a los científicos que trabajan en laboratorios, sino que el alcance de estas decisiones se repercute, ya sea positivamente o negativamente, en universidades, en empresas, en el sector industrial, así como en varios aspectos de la sociedad.

Sin duda, una buena parte de la dificultad del problema de plantear políticas científicas reside en que, aún cuando se desee impulsar un área precisa de la tecnología y se dedique el mayor esfuerzo en este aspecto particular, es necesario paralelamente desarrollar las ciencias exactas: no es de ninguna manera posible descuidar las ciencias fundamentales y este es otro aspecto importante pues cualquier toma de decisiones está conectada y siempre hay repercusiones insospechadas en las ciencias conexas.

Es prácticamente imposible dar una receta única para desarrollar una línea de acción científica, pero me parece que los siguientes puntos son esenciales:

1) Realizar un estudio objetivo de la situación real de las ciencias del país: sin un panorama detallado de las ventajas y deficiencias es imposible trabajar eficazmente y solo cuando se tenga una idea clara de la verdadera situación científica se podrá empezar a tomar medidas.

2) Formar jóvenes a nivel de pre-grado. Este punto implica una promoción de las ciencias a nivel de colegio y la creación de becas de pre-grado, ya sea localmente (y para ello es necesario una buena interacción con los institutos de formación científico-técnicos pues el esfuerzo de formación debe repartirse entre las diferentes universidades en función de las especialidades y carreras ofrecidas), ya sea en el extranjero en caso que no se disponga de las carreras necesarias.

3) Formar jóvenes a nivel de doctorado. Es necesario concentrarse en algunas especialidades pues para un país con recursos limitados (económicos y/o humanos) no es posible abarcar todos los ámbitos de la ciencia. Sin embargo, creer que será posible salir adelante sin física, química y matemáticas es un gravísimo error: sin el soporte de estas ciencias fundamentales toda aventura científica es totalmente imposible.

4) Las becas deben estar bien enmarcadas: no se ofrece una beca «en física», sino se ofrece una beca en «física de semi-conductores», tampoco se ofrece una beca en « matemáticas » sino en « ecuaciones en derivadas parciales » o en « procesos estocásticos ». Dicho de otra manera, las ofertas de becas deben construirse en concertación con los laboratorios y universidades existentes.

5) A cada beca ofertada debe corresponder un puesto de investigación (o de profesor-investigador, o de docente universitario) de modo que, después de los años correspondientes de estudios, el alumno sepa exactamente dónde va a regresar a trabajar, en qué condiciones va a hacerlo y cuál va a ser su rol preciso en esta aventura científica colectiva.

6) Debe impulsarse la creación de laboratorios, ya sea dentro de universidades, ya sea independientes o mixtos industria-universidad. Las temáticas de estos laboratorios deben ser suficientemente claras pero al mismo tiempo se debe permitir cierta flexibilidad: la innovación no es un camino tranquilo y la ciencia rara vez sigue una línea recta. Evidentemente no se debe olvidar los laboratorios de ciencias fundamentales (matemáticas, física, química).

7) Deben crearse mecanismos de protección y control de los científicos: protección para asegurar que su trabajo se realice en buenas condiciones pues de nada sirve estudiar diez o más años para llegar a un laboratorio que no permita realizar correctamente su trabajo. Control para que el esfuerzo se realice de forma colectiva y coordenada pues ninguno de estos puntos anteriores debe ser descuidado y si uno de ellos es deficiente, debe ser fortalecido. Sobra decir que los directivos de estas entidades deben ser científicos con experiencia en investigación.

Finalmente, ya que hablamos de política, todos debemos tener claro que los tiempos políticos y los tiempos científicos no son los mismos: un político razona en un periodo de 4-5 años, mientras que la ciencia tiene por lo general ciclos mucho más largos (mínimo 8 años de formación universitaria hasta el doctorado, que recién es el inicio de la vida de un investigador). Intentar compaginar a la fuerza estas dos escalas de tiempo es un error pues la ciencia requiere tiempo para crecer y fortalecerse: se trata de un proyecto que debe involucrar a toda la sociedad.

Historia y futuro

Discutiendo con diversas personas, veo que las ciencias (y las matemáticas en particular) son consideradas como un campo de la actividad humana que está muy lejano, distante. En realidad, la impresión que me transmiten en general es la de un mundo desconectado, extraño y ajeno. Pero sobre todo ajeno.

La humanidad desarrolló capacidades de abstracción matemática muy temprano, quizás inclusive antes que la escritura. En todo caso, y sin ser un especialista en el tema, creo que no me equivoco demasiado en creer que el impulso de la escritura y de las diversas civilizaciones fueron acompañados desde su inicio y de forma totalmente paralela con un desarrollo científico y matemático.

Gilga Un ejemplo. Las aventuras de Gilgamesh, héroe y rey legendario de la ciudad de Uruk en mesopotamia (actual Irak), constituyen uno de los patrimonios escritos más antiguos de la humanidad. Las primeras tabletas de arcilla que proporcionan una versión casi completa de estos textos son del siglo XVIII-XVII antes de nuestra era (¡3700 años de antigüedad!) de manera que estos escritos son prácticamente el primer libro que disponemos.

A la par, la tableta babilónica denominada YBC 7289, cuya antigüedad se estima en 3700 años, posee una de las primeras aproximaciones de la raíz cuadrada de dos. Este número aparece “naturalmente” cada vez que dibujamos un cuadrado (dicho de otra manera, no tienen por dónde escaparse, “siempre” encontrarán este número) y una de sus principales características es que no es un número entero (está comprendido entre 1 y 2) y sobre todo no es un número racional: esta cantidad no puede escribirse de la forma a/b como 4/3=1,333333333…(siglos después, los griegos dieron diferentes demostraciones de la imposibilidad de escribir la raíz cuadrada de dos por medio de fracciones).

Lo absolutamente genial de esta tableta, es que la aproximación dada es de gran precisión, lo que muestra un conocimiento profundo de ciertos métodos matemáticos.

Esto para evidenciar que la misma civilización que escribió una de las más antiguas obras literarias también estaba en capacidad de producir matemáticas y que estos dos mundos, el literario y el científico están conectados: son las dos caras, absolutamente indisociables, de la misma moneda llamada civilización mesopotámica.

Este ejemplo se aplica a cada una de las diversas civilizaciones que han surgido, existido y desaparecido durante la historia de la humanidad. Pensemos en los códices mayas, en sus templos y monumentos y en sus observaciones astronómicas que permitieron, gracias a un sistema de conteo vigesimal original, determinar con una precisión casi perfecta (y con algunos siglos de adelanto con respecto a los cálculos modernos) la duración del año solar.

Cuando alguien estudie, en algunos siglos, la historia y la cultura ecuatoriana del siglo XX y del siglo XXI, no solo se fijará en nuestra producción artística, literaria o cinematográfica, sino que también estará interesado en nuestra producción científica y seremos juzgados en estos dos aspectos por igual.

Las ciencias no son por lo tanto un elemento desconectado de nuestra realidad y tampoco son, o no deberían, ser un campo ajeno.